Nathan
—Dios, no puedo creer que seas tú. ¿Qué haces en Milán? —pronuncié sorprendido. Siempre me pregunté si algún día volvería a verla y cómo me sentiría si sucedía. Pasé mucho tiempo enojado con ella por dejarme como lo hizo. Tenerla delante de mí me produjo una inesperada felicidad. Ella representaba lo mejor de la parte más oscura de mi pasado. Fue mi primer beso, mi primera ilusión, mi primera vez, y también la primera mujer que me rompió el corazón. La única, hasta ese momento.
—Mi… mi…