Mundo de ficçãoIniciar sessãoDiogo Castelo é um empresário bem-sucedido, conhecido por sua determinação e sucesso nos negócios. No entanto, apesar de ser um mulherengo de carteirinha, sua vida amorosa está longe de acompanhar seu triunfo profissional. Quando recebe o convite para o casamento de seu irmão mais novo com sua ex-namorada, Diogo se vê em uma situação complicada. Ele não quer enfrentar o evento sozinho e precisa encontrar uma solução rápida. É aí que ele tem uma ideia aparentemente brilhante: contratar uma namorada falsa para acompanhá-lo ao casamento e evitar qualquer constrangimento. Assim, ele conhece Larissa Aurora, uma jovem mulher engraçada, espontânea e um pouco maluquinha, que está desesperadamente precisando de dinheiro. Diogo e Larissa são completamente diferentes um do outro. Ele é arrogante, disciplinado e focado em sua carreira, enquanto ela é humilde, imprevisível e vive em um mundo próprio. No entanto, eles decidem embarcar nessa farsa juntos, imaginando que tudo será apenas uma encenação divertida. À medida que se envolvem no jogo de fingimento, acontecimentos imprevistos e situações embaraçosas começam a surgir, levando-os a enfrentar confusões hilariantes. Mas, conforme passam mais tempo juntos, algo surpreendente acontece: Diogo e Larissa descobrem que a química entre eles é irresistível. Nesta história repleta de confusões divertidas e momentos emocionantes, Diogo e Larissa descobrirão que, às vezes, os opostos se atraem de maneiras inesperadas e que o amor pode surgir nos lugares mais improváveis.
Ler maisIDRIS DOYLE
—¡Qué gusto me da conocerte por fin! —exclamó la rubia en la mesa mientras me veía con aparente diversión—. Entonces, tú eres Idris, la asistente personal de Liam.
—Así es, señorita Spencer —contesté con una sonrisa mecanizada y tomando su abrigo del armario—. Su taxi la espera.
Mi deber siempre era despedir a las mujeres con las que se citaba mi jefe, entregarles educadamente su abrigo y encaminarlas hacia el auto que las estaría esperando para llevarlas a su casa, pero cada vez era más complicado convencerlas.
—Pero si la noche aún es joven y pienso divertirme en la cama de Liam —dijo entre risas mientras tomaba su copa—. Mejor guarda mi abrigo y danos privacidad, ¿quieres?
Liam estaba refrescándose en el baño, esperando a que, al regresar, la señorita Spencer ya no estuviera.
—No entiende, necesito que se retire, ya es muy noche y el señor Blake necesita descansar.
—No, tú eres la que no entiende. —Se levantó altiva y presuntuosa—. Se dice que te gusta frustrar los encuentros de tu jefe con otras mujeres. ¿Estás celosa de que él no te vea como nos ve a nosotras? ¿No entiendes cual es tu papel como su asistente?
—Señorita Spencer… —¿Cómo le podía explicar que sacarla de este lugar era petición de él y no mía?
—Idris… ¿qué hace ella todavía aquí? —preguntó detrás de mí Liam, haciendo que un escalofrío recorriera toda mi espalda.
—¡Liam! Creo que tu ayudante está celosa —dijo la mujer divertida, mordiendo el borde de su copa como niña pícara cometiendo una travesura—. Me imagino que se ha enamorado de ti y no parece dispuesta a compartirte.
Liam me miró fijamente a los ojos, como si dudara de lo que le había dicho esa mujer. Antes de que las manos de esa chica se posaran en su pecho, él se movió hacia la puerta. —Clark, lleva a la señorita Spencer afuera. El taxi ya debe de estar esperando.
De esa manera, su chofer, que al mismo tiempo era su mano derecha, se asomó por la puerta, mientras que Liam me arrebató el abrigo de la mano y se lo aventó a la señorita Spencer, antes de tomarla con brusquedad del brazo y arrastrarla hacia la puerta.
—¿Qué estás haciendo? ¿Por qué me tratas así? —preguntó desconcertada sin poder detenerse.
—No pienso desperdiciar mi noche contigo, así que… largo. —La arrojó a los brazos de Clark y, antes de cerrar la puerta, le dedicó una mirada de repulsión que la recorrió de pies a cabeza—. Tal vez si tu plática no hubiera sido tan burda y vacía, de escaso gusto y refinamiento, las cosas serían diferentes… No me llames, yo te llamo.
Cerró la puerta antes de que la mujer pudiera quejarse y podía apostar que Clark se la llevó evitando que Liam pudiera escuchar los gritos de desaprobación. Con paso firme y la camisa desabotonada, trazó una línea recta con su andar, de la puerta a la habitación. Justo al llegar a mi lado, se detuvo, me vio con atención, como si quisiera leer mi mente, y suspiró.
—Tienes dos minutos… —Siguió su camino, haciendo que todo dentro de mí se revolucionara. Llevaba tanto tiempo trabajando para él que no podía creer que aún no me acostumbrara a su voz o a sus órdenes.
La única sirvienta con la que contaba el departamento corrió hacia mí, ayudándome a soltarme el cabello y retirarme el saco. Desde que comencé a trabajar para él, mi uniforme era un traje sastre entallado con una falda que dejara ver mis piernas desde la mitad de mis muslos hasta mis tobillos.
Entré a la habitación, desanudando mi corbatín mientras la sirvienta se precipitaba hacia el baño para preparar la tina con sales que perfumaran mi piel, pero antes de seguir desnudándome, la mano de Liam me sujetó con fuerza por la muñeca.
—Déjanos solos —le pidió a la sirvienta que parecía desconcertada y de un brinco se alejó de la tina y salió de la habitación.
—Fue mi error por no saber cómo despedir a la señorita Spencer a tiempo —acepté mientras él se plantaba frente a mí y seguía desabotonando mi blusa—. Si me da un minuto más…
—Shhh… —dijo con suavidad despojándome de la prenda.
Era la asistente personal de uno de los hombres más poderosos del país, dueño de una farmacéutica que dominaba el mercado y el hombre más codiciado no solo por su fortuna, sino por su belleza tan compleja. Era atractivo y su personalidad fría e inalcanzable lo hacía tan deseado.
No había mujer que no ambicionara su corazón y era común que él saliera cada semana por lo menos con tres diferentes, pero ninguna llegaba a su cama, ese era mi territorio.
Me hacía cargo de su agenda, de su café por la mañana y de organizar sus trajes para la semana. Realizaba cualquier encargo, compraba lo que él deseaba y contactaba a quien él quisiera, pero tenía reglas que no cualquiera tenía. Siempre debía de portar la lencería que él escogía para mí, debajo de mi uniforme y siempre debía de estar dispuesta a dejar que me tomara cuando así lo quisiera.
—Dime, Idris… ¿Tenía razón esa mujer? ¿Te estás enamorando? —preguntó mientras besaba mi cuello, haciendo que me derritiera.
—No, señor —contesté luchando porque mi voz sonara firme.
—¿Estás segura? —volvió a preguntar, tomándome por la cintura y girándome, buscando el cierre de mi falda para hacerla caer.
—Segura, señor… Esto es solo trabajo —contesté con las manos contra la pared mientras las suyas me tomaban con firmeza de la cintura y sus labios besaban mi espalda.
—Que nunca se te olvide —dijo contra mi oído mientras su mano me tomaba por el cuello—. Solo hay dos cosas que siempre debes de tener en mente. Uno, esto solo es trabajo, nada de sentimentalismos tontos. Dos, solo yo puedo tocarte, tu cuerpo es mío.
Y eso intentaba, siempre pensar que él era un hombre sin sentimientos, que solo buscaba placer y dinero, pero ¿cómo podía convencerme si había días que sus labios me besaban con ternura? ¿Cómo podía ignorar sus caricias tan suaves? ¿Cómo podía fingir que mi alma no vibraba cuando, después de follar, besaba mi espalda lentamente, dejando miel sobre mi piel?
Había noches en las que me hacía sentir especial sin necesidad de emitir ni una sola palabra. Estaba perdiendo la cabeza entre fingir que no me importaba y disfrutar de esos momentos de intimidad donde él dejaba de ser Liam Blake, el cruel CEO sin corazón.
ThaísÉ sexta-feira, o dia em que preciso arrumar minhas malas para viajar com Diogo no sábado, amanhã. Não tenho muito o que levar, então escolho o máximo de roupas que eu possa usar em uma casa de praia, além do vestido novo — e o único — que tenho para ir ao casamento. De qualquer forma, mando uma foto para Diogo mostrando minhas roupas, afinal, por mais que ele não tenha exatamente nada a ver com minha vestimenta, é a namorada dele que estou fingindo ser e quero estar apresentável no casamento de seu irmão.“Acha que isso é o suficiente?”Ele me responde de volta:“Talvez para usar como pano de chão. Onde está sua roupa para a cerimônia?”Isso me pega desprevenida porque o vestido que eu iria usar na festa foi justamente o da primeira foto que enviei a ele.“Eu te enviei a foto com o vestido que pretendo usar.” Digo, mandando a foto novamente.“Jogue-o fora.”Mas o que...“Você está me zoando ou o quê?”“Você não vai ao casamento do meu irmão como minha namorada usando isso.”“Não
Quando finalmente chego no local do bendito encontro, Larissa já está lá. Ela enfia as mãos nos bolsos dos seus shorts jeans e segue em minha direção. Eu tenho não encarar suas pernas nuas, mas ressalto mentalmente que elas são muito bonitas.Quando ela chega até mim, o sorriso é gigantesco.— Você não se atrasa nunca? — pergunto.Ela dá de ombros.— Por que eu me atrasaria?— Não sei. Eu pensei que fosse uma regra secreta entre garotas em encontros.Ela rola os olhos.— Essa foi a segunda coisa mais absurda que já ouvi essa semana. A primeira foi quando você me disse que não estava comendo direito — comenta. — Além do mais, por que eu me atrasaria em um encontro? Se eu estou gostando de um cara, eu não vejo a hora de vê-lo, certo? Não faz sentido fingir desinteresse.A sua maneira de pensar é interessante, me obrigo a admitir. Poucas pessoas teriam a mesma lógica que Larissa, embora seja a concepção mais simples de se ter.— Você tem um ponto — digo. — Mas então... o que vamos fazer?
Faltando poucos dias para a viagem, Larissa me manda uma de suas habituais mensagens cheias de emojis.Borboleta: Bom dia! Pronto para mais um programa de casal?Diogo: Eu achei que já tivéssemos feito isso.Borboleta: Ainda não tiramos fotos, lembra? Precisamos de fotos para caso alguém nos questione. Só por precaução.Diogo: sou ótimo com montagens. Posso tentar algo.Borboleta: Bleh. Sem chance. Tem tempo para um encontro essa noite?Eu fico uns bons minutos encarando essa mensagem sem saber como responder. O que diabos tem essa mulher e por que eu sempre acabo concordando com suas maluquices sem sequer questionar?Estou mesmo tão desesperado a ponto de virar refém de Larissa Aurora ou eu realmente gosto de tudo o que ela faz comigo? De qualquer forma, mando uma mensagem de volta:Diogo: Depende do que você tem em mente.Borboleta: Você deveria confiar mais em mim. Somos um casal agora.Diogo: Estamos começando a fazer esse jogo por mensagens também?Borboleta: Não sei. Você quer?
LARISSA — Esse vestido rosa me faz parecer um pouco... estranha. — Eu digo enquanto aliso o vestido de verão de caimento solto de frente para o espelho de Vivi. Me arrumei na casa dela para evitar questionamentos da minha mãe, e agora não sei por que estou nervosa apenas em me imaginar indo a um encontro com Diogo Castelo. Nem é um encontro de verdade, e ele claramente não tem nem um pouco de vontade sair comigo. De repente, me ocorre que ter inventado esse programa para conhecê-lo melhor pode ter sido uma péssima ideia. — Ei, por que você parece tão nervosa? — Vivi me pergunta, olhando-me desconfiada. — O que? Quem está nervosa aqui? Ela não hesita ao responder: — Você. Tem agido estranho desde a hora de se vestir. Tudo bem que aquele homem é intimidante, mas foi você quem teve essa ideia em primeiro lugar, não adianta tentar mudar o rumo das coisas agora. — Não estou nervosa — descarto suas desconfianças. — Bem, estou indo. Decidi que o encontraria na porta do Shopping e qua





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