Kamila
El sabor dulce del postre aún flotaba en mis labios, mezclado con el calor reconfortante e intenso de la boca de Felipe. El beso había terminado, pero la resonancia de aquella conexión profunda todavía vibraba en cada fibra de mi ser. Sabía que las cosas que él decía no eran solo palabras bonitas o el efecto del momento; eran una verdad palpable que se instaló en mi pecho, calentándome de dentro hacia fuera.
No podía desviar mis ojos de los suyos, perdiéndome en la intensidad de su iris,