Danilo
Estábamos en la última vuelta del entrenamiento. El sol ya estaba alto, y la mañana había sido excelente, pero, de repente, una tensión extraña flotó en el aire. Yo venía justo detrás de Felipe, a pocos metros de distancia, acompañando cada movimiento suyo en la pista. Conozco su ritmo y sabía lo enfocado que estaba para el circuito del próximo año. Todo parecía marchar perfectamente bien, hasta que la tragedia se dibujó ante mis ojos en una fracción de segundo.
En la entrada de la curva