Felipe
Tener a Kamila en mis brazos nuevamente era como respirar después de pasar una eternidad sin aire. El peso de ella contra mi pecho, el calor de su piel y el perfume que siempre me persiguió en mis sueños desde nuestra pelea... todo en ella me desarma. Cuando ella me guio hasta el cuarto, cada paso que daba parecía llevarme de vuelta a casa. No estaba apenas entrando en una habitación; estaba recuperando mi futuro.
La acosté en la cama con un cuidado que rozaba la reverencia. La luz suave