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El sexo con Mila cada vez era más satisfactorio, tanto que creía que si se llegaba a casarse con ella, pasaría más tiempo en su cama, en la bañera, en la terraza, en la piscina, incluso en el jardín, pero empalado hasta la base en Mila.
Ella lo enloquecía de un modo que ninguna mujer lo había hecho jamás. Y si… era de imaginar que, después de tantos años persiguiéndola, ahora que la tenía, le resultaba demasiado deliciosa como para que se pudiera saciar. Era como Adam encontrando la fruta