Si el infierno existe, estoy seguro de que se parece mucho a un lunes por la mañana en la facultad de Derecho, viendo cómo Daniel Castro le pone la mano en la espalda a la mujer que me desarmó el fin de semana.
Pasé toda la jornada con un sabor amargo en la boca que ni el café más cargado de la cafetería lograba quitar. Ver a Emma bajar del Mercedes, con esa distancia gélida que habíamos acordado, fue soportable. Lo que no fue soportable fue ver al "Buitre" Castro cerniéndose sobre ella en cua