Sofía
Todavía sentía el sabor amargo de lo que había hecho.
Mi estómago amenazaba con volcarse desde que salí de esa cabaña. La imagen de la muñeca en mi mente y las órdenes de Lucile retumbando en mis oídos.
Había tenido que hacer algo horrible. Fingir que mataba a Magda.
La hija de mis mejores amigos.
Conducía de regreso a la mansión de Max. Me obligué a respirar despacio, a no dejar que el temblor en mis dedos me delatara.
"No fue real", me repetía una y otra vez. "Magda está a salvo. Solo