–¿Estás seguro de que cerraste bien la puerta? Sabes que aquí como que entrar sin pedir permiso se estila bastante.
–Si cariño, nadie va a entrar a la oficina a menos que yo quiera –Dante besó el lóbulo de la oreja de Lukyan, mientras sus manos recorrían el borde de la camisa más arriba de la cintura, para dejar descubierto su abdomen.
El alfa tenía acostada a su esposo sobre su escritorio, después de lanzar más de la mitad de los papeles al suelo, creando un desastre a su alrededor. Se acomoda