Laura llevaba tres días encerrada en su apartamento. Las cortinas seguían corridas, el teléfono seguía mudo y el rencor seguía creciendo como una mala hierba en su pecho. Había pasado horas frente al ordenador, investigando, planeando, buscando la forma de hacer daño. No quería un enfrentamiento directo. Quería que Vanessa sufriera desde la sombra, sin saber quién le clavaba la daga.
La idea llegó mientras miraba un programa de cotilleos. El presentador hablaba de una famosa que había sido foto