SANTIAGO CASTAÑEDA
—Está fuera de peligro —dijo el doctor atento a los papeles en su tabla, mientras mi mirada estaba fija en Julia, que dormía profundamente sobre la cama—, pero no debe de sufrir más emociones fuertes. Necesita mucho descanso y calma.
—Doc… no me pida eso —contesté con media sonrisa antes de levantarme del cómodo sofá—. Nadie que se mantenga a mi lado puede esperar calma, menos ella. Es mi prometida y cuando nos casemos lo que menos tendrá será descanso.
—Pues esta chica lo n