CAPÍTULO 8. Una buena mercancía
CAPÍTULO 8. Una buena mercancía
—¡Dímelo! —La orden llegó junto a esa mano que sujetaba su nuca y la obligaba a mirarlo a los ojos, desafiante, mientras él estaba seguro de que nadie había traicionado tanto a aquella mujer como su cuerpo en aquel momento—. ¡Di otra vez que no eres mía!
Y Athena abrió la boca para replicar, pero antes de que pudiera articular una sola palabra, sintió aquella invasión que la rompía con un solo movimiento, uno que hizo a Cassian hundirse en ella hasta el fondo con