CAPÍTULO 21. Una noche para recordar
CAPÍTULO 21. Una noche para recordar
—¡Un día…! —aseguró Athena, sujetándose de sus hombros antes de empezar a moverse a un ritmo lento y profundo.
El mundo se redujo a ese instante: el modo en que su sexo lo envolvía, caliente y apretado, como un puño de seda que lo estrangulaba en la mejor manera posible. Ella lo tomó todo, hasta el fondo, y sus paredes palpitaban contra su piel como un segundo corazón desesperado.
Un gemido cavernoso escapó de la garganta de Cassian y sus dedos se crisparon, deseando agarrar esas caderas, hundirse más profundo, follarla hasta que ninguno de los dos pudiera caminar. Pero no podía. Solo podía recibir y estaba bien con eso.
Al principio Athena se regodeó en embestidas lentas, casi perezosas, como si estuviera saboreando la sensación de tenerlo dentro. Sus pechos se mecían con cada movimiento y Cassian solo quería tenerlos en su boca. ¿Era demasiado pedir?
Pero de pronto el ritmo cambió. Las caderas de Athena empezaron a chocar contra las suyas con má