3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 6. Que levante la mano el inocente
3 RAZONES PARA AMAR
CAPÍTULO 6. Que levante la mano el inocente
Athena se quedó completamente muda. La habitación parecía haberse encogido de repente, como si el aire fuera insuficiente para todos. Sentía el corazón golpeándole con fuerza en los oídos, un latido torpe y acelerado que no lograba acompasarse. Tenía la mirada fija en su padre, pero no estaba viendo realmente su rostro; veía la palabra trasplante rebotando una y otra vez en su cabeza, chocando contra recuerdos, culpas y preguntas que no sabía cómo formular.
Si había existido una posibilidad real de salvarlo, entonces todo lo que había pasado cobraba un peso nuevo, insoportable.
Iris, en cambio, no tenía ninguna intención de callarse.
—¿Ahora entiendes? —dijo con un tono venenoso, cargado de resentimiento acumulado—. ¿Entiendes por qué todo esto es tan asquerosamente injusto?
Athena giró apenas el rostro hacia ella, como si el movimiento le costara un esfuerzo enorme. Sus labios se abrieron, pero no salió ningún sonido; y