3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 7. Un asunto concluido
3 RAZONES PARA AMAR
CAPÍTULO 7. Un asunto concluido
Athena sintió una tristeza inmensa, densa, que le cayó encima como una manta mojada. No fue solo por lo que acababa de escuchar, ni siquiera por la confesión de su padre. Fue algo más profundo, más íntimo. Mientras los miraba a todos —a Dorian en la cama, a Iris con los ojos enrojecidos, a Audrey rígida como una estatua y a Cassian apoyado cerca de la puerta—, su mente se fue, inevitablemente, a otro lugar.
Recordó el momento exacto en que tuvo a sus hijos por primera vez en los brazos.
Recordó el peso diminuto de Cian, el llanto furioso de Leo, la quietud sorprendente de Alya. Recordó cómo, al mirarlos, una certeza absoluta le había atravesado el cuerpo: jamás sería capaz de abandonarlos. Jamás. No importaba el miedo, el cansancio o la pobreza. La sola idea de dejarlos atrás le resultaba física y moralmente imposible.
Y entonces pensó en ellos, en cómo se sentirían sus hijos si ella los abandonara. Ese pensamiento la hizo cerrar l