3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 5. Que levante la mano el inocente
3 RAZONES PARA AMAR
CAPÍTULO 5. Viejos y nuevos rencores
—¡Levántate!
La voz de Cassian cayó como una orden seca, sin matices. Athena seguía arrodillada frente a él, con las manos apoyadas en el césped húmedo del jardín y la cabeza gacha. El frío le calaba las rodillas, pero no era eso lo que la hacía temblar. Era la mezcla de humillación, miedo y una desesperación tan grande que le apretaba el pecho y le robaba el aire.
—Por favor… —dijo ella, entre sollozos, alzando apenas el rostro—. Te lo ruego. Si todavía queda algo de humanidad en ti… solo déjame despedirme de mi padre. Solo eso. No te pido nada más.
Sus palabras salían entrecortadas, arrastradas por el llanto, y Cassian apretó la mandíbula. Ese gesto, esa postura, le resultaban insoportables. Le despertaban una rabia que no quería reconocer.
—¡Levántate, Athena! —repitió, ahora con irritación—. ¡No vuelvas a ponerte así delante de mí! ¡Mucho menos por esa gente!
Ella negó con la cabeza, incapaz de obedecer, aferrándose a esa últ