3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 4. Súplicas desesperadas
3 RAZONES PARA AMAR
CAPÍTULO 4. Súplicas desesperadas
—¡Soy su hija! —espetó Athena, con la voz temblorosa pero decidida—. ¡Te guste o no, merezco despedirme de él!
Audrey la miró como si acabara de decir una blasfemia. Estaban todavía en el baño de la cafetería, con el olor a jabón barato flotando en el aire y el zumbido amortiguado de las conversaciones al otro lado de la puerta.
Su madrastra cruzó los brazos, rígida, recuperando poco a poco esa postura defensiva que Athena había aprendido a c