3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 33. De algo hay que morirse
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 33. De algo hay que morirse
El médico tomó aire, acomodó su postura y avisó con la seriedad de quien ya había hecho aquello demasiadas veces como para adornarlo o suavizarlo.
—Voy a reacomodar el codo… ahora.
Cassian tenía la mandíbula tensa, los hombros rígidos y el orgullo intacto, como si aquello fuera solo un trámite incómodo que prefería despachar rápido. Athena, en cambio, estaba demasiado alerta, demasiado cerca, demasiado consciente de cada mínimo movimient