3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 34. A-yú-da-me
3 RAZONES PARA AMAR. CAPÍTULO 34. A-yú-da-me
Athena sintió que se estremecía sin poder evitarlo, y le dio la espalda apretando los labios.
—Pues pañales de adultos serán.
Lo dijo con un tono tan firme que no dejaba espacio a réplica. Se dio media vuelta con decisión, convencida de que ya había cumplido con su cuota de paciencia del día, y avanzó hacia la puerta como quien se retira de una discusión ganada. Peor no había dado ni dos pasos cuando escuchó detrás de ella un gruñido bajo, cargado de frustración, seguido del sonido inconfundible de la hebilla chocando de nuevo con el metal, sin abrirse.
Athena cerró los ojos un segundo. Respiró hondo. Y perdió la paciencia.
Giró sobre sus talones y regresó a grandes zancadas hasta quedar frente a Cassian, que seguía forcejeando con la ropa como si aquello fuera una cuestión de orgullo personal.
—¡Eres terco! —le soltó, apartándole las manos y sujetando su cinturón para soltarlo. Y como no quería a la… entonces tenía que mirarlo a los ojos—.