Inicio / Romance / 21 hombres antes de aprender a amar. / La primera vez que crucé la línea.
La primera vez que crucé la línea.

Fue en una discoteca.

En ese viaje.

Había tomado dos cervezas.

No suelo tomar, así que sentía el calor subiendo por mi cuello y las mejillas encendidas. La cabeza me pesaba un poco, una nube dulce que me hacia todo un poco más lento. Luciano me observaba como si pudiera leer mis pensamientos.

—Estás roja —dijo, rozando mi brazo—. Vamos al parqueadero un momento, necesitas aire.

Asentí sin pensar demasiado.

En la barra, antes de salir, pidió una botella de agua.

La abrió por mí.

—Toma —me la extendió—. Despacio.

Ese tipo de detalles… me desarmaban. Me hacían sentir que, por primera vez alguien estaba a cargo de que yo estuviera bien.

Afuera, el aire de la noche era una bofetada fría.

—¿Te duelen los pies? —preguntó, mirando mis estiletos—. Vamos al carro, te los quitas un rato.

Era pasada la medianoche.

Y yo… obedecí.

Me abrió la puerta del copiloto.

Me senté, todavía tomando agua, mientras él se inclinaba frente a mí para quitarme los zapatos.

Sus manos eran firmes, seguras.

Luego empezó a presionar mis pies lentamente, como si supiera exactamente dónde tocar.

Y mi cuerpo reaccionó de inmediato. El calor del alcohol y su cercanía se mezclaron en una corriente eléctrica que me recorrió entera.

Lo deseaba.

Olía a él.

A su perfume caro, a sudor, a noche… a algo que no sabía nombrar, pero que me envolvía.

Su camisa de vestir estaba ligeramente abierta, las mangas remangadas, pegada a su cuerpo por el calor.

Se veía… demasiado bien.

Creo que se dio cuenta de cómo lo miraba.

Porque dejó de concentrarse en mis pies.

Se incorporó lentamente, y su mano —aparentemente casual— subió por mis piernas descubiertas, deteniéndose justo donde el vestido empezaba.

Se apoyó ahí.

Cerca.

Demasiado cerca.

—¿Estás tomada? —preguntó, mirándome directo a los ojos.

Negué con la cabeza.

—Solo un poco mareada… pero estoy bien.

Tomé otro sorbo de agua, intentando mantenerme tranquila.

Él asintió.

—Bien —dijo en voz baja—. Porque quiero hacer esto contigo… y quiero que estés consciente.

Mi corazón se aceleró.

—¿Hacer qué? —pregunté, casi en un susurro.

Se acercó un poco más.

—Besarte.

Y entonces pasó.

No fue un beso tímido.

Fue… todo lo contrario.

Había algo en él que mezclaba suavidad con seguridad, como si ya supiera exactamente lo que estaba haciendo… y lo que iba a provocar en mí.

Me desarmó.

Cuando se separó, me miró como si estuviera evaluando algo.

—Llevo queriendo hacer eso desde el día que te conocí.

Sonrió levemente.

—Y en mi cabeza no era tan bueno…

Hizo una pausa.

—Aunque si te soy sincero… ahí no solo había ganas de besarte.

Sentí un nudo en el estómago.

No de miedo.

De algo más.

—Dime algo —continuó—. ¿Con tus novios anteriores… hiciste algo más que besos?

Me tensé un poco.

Pero respondí.

—Sí… con mi ex.

Hubo un pequeño silencio.

—¿Y te gustó?

Negué suavemente.

—No mucho… creo que… tal vez soy muy joven.

Él negó con la cabeza, seguro.

—No.

Se inclinó un poco más hacia mí.

—Simplemente no era el indicado.

Y en ese momento… le creí.

Porque Luciano no solo me hacía sentir deseada.

Me hacía sentir como si todo lo que no había entendido antes…

finalmente tuviera sentido con él.

Y ahí fue donde crucé la línea.

No la del beso.

Sino la de empezar a creer

que él sabía mejor que yo

lo que yo necesitaba.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP