Leonor volvió a instalarse en la casa con la intención de descansar unas semanas, pero al tercer día ya estaba ayudando a Ernesto en el taller, acompañando a Carolina a sus clases y revisando con Elena los materiales utilizados durante el viaje. Mariana la observaba ir de un lugar a otro sin intervenir. Había entendido que su hija no estaba perdida. Simplemente todavía no quería encerrarse en una sola respuesta. Una mañana, mientras Leonor reparaba una pequeña caja de madera, llegó una mujer de