Callista se tensó visiblemente pero él no se detuvo.
Su juguetona mano se deslizó por dentro de sus bragas tocando con deleite el botón de su placer, involuntariamente ella se arqueó buscando más de sus caricias pero su boca solo pedía su liberación.
—Juro por Dios que no lo sé 135, yo no sé nada de... ¡Oh, Dios! —Gimió al sentir su dedo introducirse en su interior sin reparos.
Callista se mordió el labio tratando de no dejarse llevar por sus impulsos, debía odiarlo por no creerle pero su cuerp