El ascenso en el ascensor desde el nivel subterráneo fue un viaje a través de un espeso silencio. La caja de acero subía zumbando con una lentitud mecánica, alejándonos del olor a pólvora, humedad y muerte que infestaba las paredes de concreto, pero la atmósfera entre Aleksei y yo seguía cargada de una electricidad letal.
Bajé la mirada hacia el dorso de mi mano derecha.
La gota de sangre del hombre que Aleksei acababa de ejecutar ya se había secado, convirtiéndose en una pequeña escama oscura