CAPÍTULO 24.

Kael abrió la puerta con suavidad, dejando que Lina entrara primero. La habitación era luminosa y estaba decorada con tonos suaves. Arthur yacía en la cama, su respiración era pausada, aunque su rostro aún reflejaba el cansancio.

Ella se acercó despacio, como si temiera despertarlo, y se sentó en una silla al lado de la cama. Sus ojos recorrieron el rostro pálido de Arthur, notando lo frágil que se veía. Kael permaneció junto a la puerta, observándolos en silencio por un momento antes de hablar
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