El verdadero virus

El verdadero virusES

Giulian Hoks  En proceso
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Resumen
Índice

El mundo está de guerra, los gobiernos manipulan los suministros estando frente a una pandemia, nunca antes vista. Los más afectados son los pobres, entre ellos Frank, padre de un pequeño que presenta todos los síntomas de la nueva enfermedad, lo único que puede mantenerlo con vida son los aparatos sofisticados utilizados en los hospitales, los cuales son manejados por políticos y personas adineradas que pagaron fortunas por adquirir ese equipamiento.

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La búsqueda
No sé cuándo comenzó todo esto, ni cómo, pero desembocó en una guerra con la propia raza humana.Hoy sigo aquí, gracias a la providencia. La lluvia cae con timidez sobre mi techo de chapa y realiza una polución atrapante. Mientras, que el temporal se hacía presente, seguía encerrado; lo estuve desde mucho antes, desde el desastre biológico más grande en diez años.Las provisiones acababan, los centros comerciales se vieron forzados a cerrar por lo sucedido semanas atrás. Hermanos y amigos se vieron forzados a luchar por comida y medicamentos. La anarquía y el libertinaje destruyeron la democracia y civilización como la conocíamos. Afuera no era seguro. Las calles estaban vacías y llenas de militares. El en gobierno se vio forzado a acabar con la vida de los civiles, quienes poseen síntomas, o a familiares enfermos, para impedir la p
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No temeré
Caminé hasta llegar a un lugar más seguro para poder ver como pasar la ruta principal, y si no corro peligro inminente al hacerlo. Observé y estudié la situación, la tranquila y solitaria mañana ayuda para pensar. Dentro del cerco en donde estoy oculto se puede ver a mi diestra una gran plaza con camineros y un obelisco, y a mi izquierda la carretera y el hospital distrital.   Luego de que hube mirado decidí pasar, caminé sigilosamente al final del cerco, pero justo antes de atravesarlo escuché el graznido de algunos pájaros que surcaban los cielos, que pasaban entre las grandes edificaciones. Miré hacia ellos y pude distinguir una silueta en el tercer piso de la infraestructura, era un Soldado.Me detuve y rodé hacia atrás. Me quedé en el suelo como cuando un chicle se adhiere al piso. Retuve mi respiración y traté de tranquilizarme. Con miedo a q
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Vivir para contarlo
Me detuve, fruncí las cejas y comencé a lagrimear, pensaba que había perdido lo que con mucho esfuerzo logré conseguir, aquel preciado trofeo que con brío había alcanzado. Bajé la cabeza, lagrimeé y pensé en mis hijos; Junior, Deniel y mi amada esposa Eidrian. Los dejé solos, indefensos y expuesto a cualquiera. *** Desde que se desató la pandemia mi familia y yo nos ocultamos en el sótano, ya que la cuarentena estaba en auge y guardamos todas las provisiones que pudimos adquirir, por otra parte los pobladores en un intento de supervivencias saqueaban los supermercados, distribuidoras y por último quedaban las casas, algunas habitadas, otras abandonadas, pero algunas de ellas poseían un peligro mortal, occisos. Los malvivientes eran repelidos de mi morada al ver el cadáver de mi vecino Foler que estaba tendido en mi pa
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Dentro del circo.
Horas más  tardes, luego de que hube quedado inconsciente desperté desconcertado, con un gran dolor en la cabeza, lado izquierdo.  Me senté en lo que pareciera ser una camilla militar o una camilla simple de estructura metálica con colchoneta delgada, a mi alrededor una gran cantidad de personas en la misma situación.  No sabía lo que ocurría.  Lo que recordaba era una gran guerra frente al hospital, al militar que me sorprendió saliendo del recinto y al hombre que me salvó,  su nombre comenzaba con v, ¿o W? ¿Vil o Wil? No recuerdo con exactitud,  lo que si recuerdo y con urgencia, era a mi hijo. Mientras pensaba en él mi pecho recibía espasmos incómodos,  de agonía.  Sufría al recordarlo. Decidí ponerme de pie, con mucho dificultad lo hice, pero antes inhalé y exhalé, todo para recuperar fuerza y co
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Willis
 Mientras avanzaba por el cementerio de coches pude apreciar que varios de ellos se veían en buenas condiciones, muchos de ellos poseían las ruedas calibradas, pero otros estaban bastante deteriorados. Tal vez, con algunos conocimientos extra pueda activar o poner a andar alguno para salir de acá. —Llegamos, este es el sujeto que se encargará de vos, es el mejor con las armas— señaló el excéntrico hacia un campo de tiros, donde un hombre, con tapado de aviador limpiaba un rifle.—Ya despertó por lo visto.—Sí, el señor me pidió que le te diga para que le enseñes a disparar. Debe ganarse la vida. Claro, vos ya lo sabés— respondió Marcos con voz burlona— Bueno, los dejo, ah, por cierto. Su número es el 56.—Genial.Luego de que el canalla abandonó el lugar, Willis me miró a los ojo
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Noche de insomnio.
Una vez, que hube llegado frente al circo me topé con los demás soldados y reclutas andando a trote lento y formándose al son de una trompeta. Hacían filas de a diez y en cada punta se presentaban los líderes de grupos, quienes comandarían el escuadrón. Como era de suponerse a mí me tocó el grupo cinco. La líder del grupo era la 51... Una chica rubia, con piernas largas y unos senos exorbitantes. Pero era bastante tosca, agresiva e impredecible. Nos guió hacia una esquina, y comenzó a sermonearnos, de lo que debíamos de hacer y de lo que no. Y justamente como Willis supuso, saldríamos a recolectar artículos del exterior. Debíamos de despertar a las cuatro de la madrugada.Todos los de mi grupo miraban extrañados, en este grupo se encontraban tres hombres y siete mujeres. La líder del grupo, la 51 se veía bastante fuerte, me atemorizaba. La 52 er
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