Al regresar a la suite del hotel, la familia Green se sentó en la sala en medio de un largo silencio. En los brazos de su madre, Sinead se fue calmando poco a poco. Consciente de la gran preocupación de sus padres, pidió la cena e intentó tranquilizarlos con una sonrisa.—Papá, mamá, ya todo pasó. Ya lo superé, así que no se preocupen más, ¿sí?Jackson y Liana le acariciaron la mano, mirándola con dolor al ver cómo intentaba ser considerada para no preocuparlos.—Sinead, ya que lo superaste, no voy a presionarte ni a hacerte recordar cosas feas —dijo su madre—. Solo quiero que me digas la verdad. Mientras estuviste con Nelson, ¿qué otras cosas te tocó aguantar?Ella se quedó callada. Repasó mentalmente los últimos años y lo ocurrido antes de abandonar Costaluna. Por un instante no supo ni por dónde empezar. La mayor parte del tiempo, esa sensación de haber sido herida venía de la amarga certeza de que Nelson solo jugaba con ella. Los sentimientos eran confusos en sí mismos, no se podía
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