Dorian se dirigió hacia nuestra mesa, Rael se reclinó en su silla con calma, incluso sonrió.Dorian se detuvo junto a nosotros, su voz salió baja, peligrosa:—Levántate —me dijo, sin dejar de mirarme.Yo no me moví, el color se me había ido de la cara, sentía las miradas de las mesas cercanas clavadas en nosotros.—Dorian… —dije.—Levántate, Zaira.Rael soltó una risa cínica que me heló la sangre.—Qué coincidencia, hermanito, justo estábamos hablando de ti.Dorian apretó aún más los puños, vi el músculo de su mandíbula marcarse, por un segundo pensé que iba a lanzarse sobre la mesa. Luego miró a su alrededor: el restaurante estaba completamente lleno, todos nos veían, él era muy conocido.No podía permitirse un escándalo.—Fuera —le dijo a Rael entre dientes— ahora.Rael no se movió, solo giró la copa de vino entre sus dedos.—Estoy cenando, y mi invitada todavía no ha terminado.—Tu invitada se va conmigo.Me levanté, sentía que las piernas me temblaban, Rael alzó la vista hacia mí
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