Héctor siempre era así. Actuaba como si nada pudiera frenarlo.Aunque Camila estuviera casada y tuviera una hija, no perdía oportunidad de insinuársele.Seguramente sería capaz de coquetear con cualquier hembra que se le cruzara, sin importar la especie.¿Qué tanto se podía confiar en las palabras de un hombre así?Pero, fuera como fuera, la había ayudado.Camila nunca había olvidado esos favores.Estaba encogida en una esquina del asiento, con el cuerpo de Héctor bloqueándole el paso.Tenía un rostro tan atractivo y distinguido, pero se comportaba como un descarado.Quizá lo mejor ante alguien así fuera no responder.Camila cerró los ojos y fingió no haberlo escuchado.La tenue luz de la calle entraba por la ventanilla y le iluminaba el rostro.Sus pestañas espesas temblaban. Era evidente que tenía miedo.Héctor la observó y, de pronto, sonrió con ternura.Levantó una mano, dispuesto a acariciarle el rostro y alisar el fino vello que se le había erizado.Pero pensar que Camila le tení
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