LYRAEl aire dentro de la cueva estaba cargado de un calor opresivo, pero mi sangre corría más fría y letal que el hielo.No miré a Darian a los ojos, no aún. A través del lazo sentía su cuerpo luchando contra el veneno, su culpa ardiendo en sus entrañas y la rabia contenida de Fenrir. Pero la imagen de esa bruja desnuda sobre el regazo de mi Alfa, intentando profanar lo que la Diosa Luna había forjado con fuego y sangre, despertó en Nyx una sed de exterminio que eclipsó cualquier pensamiento racional.Morvath se incorporó torpemente del suelo, intentando cubrirse el pecho con los jirones de su túnica oscura. Sus ojos, antes llenos de suficiencia, mutaron a un pánico frenético, pero rápidamente una sonrisa venenosa volvió a curvar sus labios en un intento desesperado por manipularme.—Míralo, Alfa de plata —siseó la bruja, alzando un dedo hacia Darian—. Míralo a los ojos. Durante tres noches enteras estuve en sus sueños, entregándose al placer de mi magia mientras tú dormías a su lado
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