DARIAN
El camino de regreso debió haber sido una marcha triunfal. Habíamos exterminado a Ravencrest, asegurado la paz y purgado hasta la última sombra de las Cañadas Negras.
Sin embargo, para los guerreros que marchaban detrás de nosotros, los tres días de viaje se convirtieron en un ejercicio de paciencia sobrehumana.
—¡Que no, Lyra! —mi rugido retumbó en la hondonada del bosque, haciendo que todos apretaran el paso con la cabeza gacha—. ¡El campamento de esta noche se monta junto al río! Tien