LYRA
El muro de piedra y magia negra que se había levantado en medio del desfiladero crujió cuando le asesté un zarpazo. Las chispas de energía oscura rebotaron contra mis garras, pero la estructura no cedió ni un milímetro.
—¡DARIAN! —grité, con la voz desgarrada por la rabia y el pánico.
En el lazo, donde siempre habitaba la voz firme y arrogante de mi Alfa, solo había un silencio helado y distorsionado. Una interferencia viscosa cubría su canal, un rastro de magia profana que intentaba ahoga