LYRA
El aire helado de las Cañadas Negras apenas lograba disipar el polvo y la sangre que aún flotaba en el patio exterior de la fortaleza.
Valerius estaba arrodillado sobre las piedras heladas, custodiado por Aiden y Kai. Sus ropas estaban rasgadas y el rostro ensangrentado, pero la mirada del último bastión de Ravencrest seguía destilando el mismo veneno y desprecio que su difunto hermano.
Darian y yo salimos de la caverna con los hombros rozándose a cada paso. La adrenalina de la pelea con M