DARIANEl sol de la tarde filtraba sus últimos rayos dorados por el gran ventanal, iluminando el desorden de sábanas y pieles sobre la cama.Tras la tregua del año —un acuerdo que me había costado sangre, sudor y el orgullo de Fenrir—, la tormenta de la discusión se disipó para dar paso a un encuentro infinitamente más lento, profundo y devastador. Lyra descansaba sobre mi pecho, con el cabello oscuro desparramado sobre mi piel y una pierna enredada entre las mías. Su respiración era pausada, el pulso tranquilo de una cazadora que finalmente se permitía bajar la guardia.Pasé los dedos por las cicatrices de su espalda, sintiendo la tibieza de su piel contra la mía.—Un año va a pasar más rápido de lo que crees, Blackwood —murmuré contra su sien, incapaz de contener del todo a mi lobo.Lyra soltó una risita perezosa, sin abrir los ojos, y me dio un pequeño mordisco en la clavícula.—Si sigues hablando de eso, Nightbane, voy a empezar a cobrarte impuestos por cada mención. Y créeme, no
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