DARIANEl gran salón de la sede de Blackwood era una caldera a punto de estallar.Tras la humillante retirada del desfiladero, el aire olía a sangre seca, tónicos curativos y a una tensión tan densa que podía cortarse con las garras. Alrededor de la mesa de piedra estabamos reunidos los seis: Lyra y yo en los extremos, los cuatro Betas a los lados y, en la cabecera, las tres figuras que representaban la historia viva de nuestras manadas: el padre de Lyra, con el rostro serio y cansado, y mis padres, los antiguos líderes de Nightbane, que habían viajado de urgencia tras enterarse del desastre.Lyra, con los ojos echando chispas doradas por la agitación de Nyx, dio un golpe seco sobre la mesa que hizo retumbar las copas.—¡Tus guerreros cerraron la formación hacia el este sin avisar, Nightbane! —gritó Lyra, señalándome con el dedo—. ¡Si Kai hubiera mantenido la línea en el centro como acordamos en el mapa, mi guardia no habría quedado atrapada bajo el colapso de las rocas! ¡Fue una falt
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