DARIANLas paredes de caoba de su habitación sofocaban el aire, volviéndolo denso, caliente y cargado de un magnetismo animal que me estaba consumiendo la razón. La puerta había quedado cerrada con doble seguro, sellándonos en un mundo donde solo existíamos ella y yo.El pestillo cayó y la contención se hizo pedazos.La atrapé por las caderas y la pegué contra la madera con un impulso cargado de hambre. Lyra no retrocedió; soltó un jadeo agudo que se ahogó en mi boca cuando la devoré. Fue un choque destructivo, un beso cargado de dientes, calor y una posesividad salvaje que nos hizo temblar. Sus manos, desesperadas, se enredaron en mi cabello, tirando de mí hacia abajo mientras pegaba su torso al mío, borrando cualquier rastro de distancia.Deslicé mis manos por su cuerpo, deshaciéndome de lo poco que llevaba puesto con un movimiento brusco; las telas cayeron al suelo como un estorbo inútil. La levanté en brazos sin romper el beso y la llevé hasta la cama.Me ubiqué sobre ella, aprisi
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