*"Te presté mi herida para responder.**Me la devolviste más liviana,**como se devuelve un libro amado."*— V. R. Vance, *Aprender a llover*---Renata Vidal consiguió mi contrato un lunes a primera hora.Y a las nueve y cuarto, en su oficina del piso catorce, hizo una sola llamada.—Sí. Departamento de personal, editorial Anagrama del Sur, 2017 a 2019. Busco a una Valeria Reyes, asistente… —Pausa. Pausa larga—. Ya. Entiendo. Gracias.Colgó.Anotó una frase en su cuaderno de tiburón, con la letra prolija de quien archiva cadáveres:*El hombre era real. El empleo, no.*Yo, esa misma mañana, estaba a doce cuadras de ahí, en una librería vieja del centro, a punto de descubrir que las preguntas pequeñas son las que hacen las heridas grandes.\* \ * \*El evento era menor: *Una tarde con V. R. Vance*, cuarenta sillas, una butaca, y Ernesto Gamarra, un zorro viejo del periodismo cultural que entrevistaba autores desde antes de que yo naciera y que olía a tabaco de pipa y a segundas intenci
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