Vanessa frunció el ceño.Ryan se veía diferente.Por su forma de mantenerse de pie durante la llamada, su postura, sus ademanes... Ryan parecía menos un sirviente y más un poderoso ejecutivo que daba órdenes a un subordinado.Ryan, mientras tanto, no tenía idea de que Vanessa lo observaba a escondidas. En el pueblo, Ben les entregó su celular a los hijos de Ryan. En vez de una llamada normal, hicieron una videollamada.En cuanto la cara de Ryan apareció en la pantalla, los niños se iluminaron de alegría.—¡Hola, papá!Brandon y Ariel saludaron con entusiasmo. El pequeño Roy, el menor, reía contento en el regazo de la señora Marle. La expresión de Ryan se suavizó.Ryan miró a los tres hijos que no veía desde hacía meses; los ojos le brillaban de emoción. Aunque era un hombre enorme e intimidante, ante sus hijos se derretía de ternura. Nada le importaba más que esas tres pequeñas vidas.—Hola, mis niños tan listos. Los extraño muchísimo. ¿Cómo están todos?Los ojos ya se le llenaban de l
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