Vanessa regresó a su habitación furiosa y desconsolada. Vio que Richard se preparaba para ir a la oficina, pero apenas le dirigió una mirada. No tenía ganas de hablar con nadie.
—Cariño, ¿qué pasa? —preguntó Richard, confundido por su actitud. Intrigado, la siguió.
—Estoy bien. Hoy voy a la oficina. Quiero ver a papá.
Tomó su bolso y comenzó a arreglarse para salir junto con su esposo.
—¿Eh? Creí que te quedarías en casa. Ya pedí que viniera un terapeuta. Podrías relajarte aquí, disfrutar de un