Me quedé muda, sin aliento, con las manos cubriéndome la boca de la emoción mientras las lágrimas de felicidad pura caían libres y calientes por mis mejillas una tras otra. La luna brillaba sobre nosotros, el roble nos hacía de techo natural, el viento movía suavemente las hojas y el hombre al que amaba con toda mi alma, con cada pedacito de mi ser, estaba de rodillas frente a mí ofreciéndome su vida entera. Cuatro años atrás, en este mismo país, en esta misma ciudad, yo estaba de pie frente a un altar llena de ilusiones que se desmoronaron en segundos, creyendo que mi vida se había acabado para siempre. Nunca, en mis sueños más bonitos y más locos, me atreví a imaginar que el destino me tenía guardado algo tan perfecto, tan grande y tan verdadero como esto.Asentí con la cabeza con fuerza, una y otra vez, sin poder hablar todavía por el nudo de emoción en la garganta, y le tendí ambas manos temblorosas hacia él.—¡SÍ! —logré decir por fin con la voz rota y llena de amor—. ¡Sí, mil ve
Leer más