Zoe El roce de su boca contra la mía fue como prenderle fuego a un reguero de gasolina. Sentí una descarga eléctrica tan brutal recorrerte de golpe la columna que las piernas me temblaron. Por un segundo estúpido, el mundo entero dejó de existir: no había agencia, no había traiciones, no estaba Christopher esperando ni estaba la sombra asquerosa de Eleanor Miller. Solo estábamos Alexander y yo, atrapados en la penumbra ámbar de ese ascensor descompuesto, oliendo a metal caliente, a perfume caro y a ese deseo tóxico que llevábamos meses tragándonos a la fuerza. Alexander no me dio tregua. Gruñó contra mis labios, un sonido bajo y salvaje que me retumbó en las entrañas. Con la mano que tenía enredada en mi nuca, tiró de mi cabello apenas lo necesario para inclinarme la cabeza hacia atrás, dejando mi cuello expuesto a su merced. Bajó su boca por mi mandíbula a besos lentos, húmedos y abrasadores. Me mordió el lóbulo de la oreja con suavidad, haciéndome jadear, y luego hundió los lab
Leer más