Zoe
El roce de su boca contra la mía fue como prenderle fuego a un reguero de gasolina.
Sentí una descarga eléctrica tan brutal recorrerte de golpe la columna que las piernas me temblaron. Por un segundo estúpido, el mundo entero dejó de existir: no había agencia, no había traiciones, no estaba Christopher esperando ni estaba la sombra asquerosa de Eleanor Miller. Solo estábamos Alexander y yo, atrapados en la penumbra ámbar de ese ascensor descompuesto, oliendo a metal caliente, a perfume c