Muy temprano, cuando el cielo apenas comenzaba a aclararse, Marco tomó los documentos del divorcio y salió de la mansión. Durante todo el trayecto hacia la cabaña mantuvo la carpeta sobre el asiento del acompañante, como si mirarla demasiado pudiera hacerlo cambiar de decisión. Sabía que Adelaide le había pedido aquellos papeles y que finalmente estaba haciendo lo que ella quería, pero en el fondo todavía conservaba una pequeña esperanza. No necesitaba que le pidiera regresar ni que olvidara todo lo ocurrido. Solo quería escuchar de sus labios que todavía lo amaba. Si existía una mínima parte de aquel sentimiento, estaba dispuesto a luchar por ella incluso después del divorcio. Podía perder su apellido como esposo, pero si Adelaide todavía sentía algo por él, no pensaba rendirse. Cuando llegó a la cabaña, estacionó frente a la propiedad y permaneció unos segundos dentro del vehículo, respirando profundamente antes de tomar la carpeta. Mientras tanto, Adelaide acababa de terminar varia
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