Marco regresó a los viñedos con la carpeta del divorcio sobre el asiento del acompañante. Durante todo el camino mantuvo la mirada fija en la carretera, pero su mente permanecía en aquella cabaña. No podía dejar de recordar el rostro de Adelaide cuando le respondió que ya no lo amaba. Había esperado escuchar cualquier cosa menos aquello. Una parte de él todavía confiaba en que ella reconocería que sus sentimientos seguían vivos y le permitiría luchar por ellos, incluso después de firmar el divo