SiennaEl abrazo de Killian me devolvió la vida. Sentir su piel caliente, mojada por la lluvia y manchada con su propia sangre, me provocó un choque emocional destructivo. Había visto a este hombre matar por mí, había presenciado cómo arriesgaba su cuerpo para evitar que me tocaran, y eso despertó en mi interior un instinto primario que destruyó cualquier barrera de orgullo que me quedaba.Le pasé las manos por la espalda ancha, apretándolo contra mi pecho sin importar la herida de sus costillas. Escuché su quejido ahogado, pero él no se alejó. Al contrario, me sujetó de las caderas con sus manos grandes, pegándome a su cuerpo con una posesividad que me erizó la piel.—Estás sangrando, Killian —murmuré contra su cuello, sintiendo el olor a pólvora y lluvia que salía de su piel—. Tienes que curarte.—No me importa esta sangre, Sienna —respondió él en un susurro áspero, mirándome a los ojos con intensidad—. Lo único que me importa es que estás viva y que sigues siendo mía.Esa declaraci
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