La revelación del mánager Kim quedó suspendida en el aire de la sala de juntas como la nota final de una sinfonía largamente ensayada. Una oleada de alivio absoluto recorrió los rostros de los miembros de la banda. El silencio reverencial se rompió con los aplausos efusivos de Dae-hyun, seguidos de inmediato por un abrazo fraterno de Min-ho hacia Ji-hoon. A todos les inundaba una alegría desbordante al comprender que, por fin, el grupo y, en especial su vocalista principal, recuperaban la soberanía absoluta sobre sus vidas privadas y sus corazones.—¡Ya era hora de romper esas cadenas! —exclamó Dae-hyun con su habitual energía desbordante, palmeando la espalda de Ji-hoon—. Esta noche Seúl se queda corta para la celebración que nos espera.Ji-hoon, sin embargo, no apartaba los ojos de Valeria. Se puso de pie con lentitud, buscando su mirada con una intensidad ardiente, ansioso por tomar su mano frente a todos y gritarle al mundo que la clandestinidad había terminado. Pero Valeria, mant
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