**NATALY**Alrededor de las nueve de la mañana, el motoscafo de los Valtieri arrastraba el agua.A mi lado, Gabriele lucía implacable en un traje azul oscuro hecho a la medida, la viva imagen del éxito corporativo. Yo vestía un conjunto de sastre blanco nácar, pulcro, diseñado para contrastar con su severidad. En mi cuello, inamovible, La Lágrima de la Viuda atrapaba los escasos destellos del sol invernal.—Hay tres agencias de noticias esperándonos en el muelle de los astilleros —advirtió Alessio, quien revisaba una tableta digital desde el asiento contiguo—. Los Castiglione han filtrado a la prensa que tu boda en Francia fue una transacción de emergencia. Esperan ver sangre, Gabriele.—No les daremos ese gusto —sentenció mi esposo, sin apartar los ojos de los canales—. ¿Estás lista, pequeña rebelde?Giré la cabeza para mirarlo, sosteniéndole el escrutinio gélido.—Haz tu parte, Valtieri —respondí, acomodando el cuello de mi chaqueta—. Yo sé cómo fingir que no me da asco tu cercanía.
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