Decidido a no quedarse de brazos cruzados ni dejar que un simple mensaje de texto lo manipule, Sebastian no esperó más. A través de una llamada fría y directa, citó a Eleanor en un café neutral y concurrido, cerca de la zona comercial, exigiendo verla en persona para aclarar de una vez por todas el asunto del supuesto embarazo.Cuando Eleanor llegó al lugar, apoyándose ligeramente en un bastón y con el rostro aún mostrando las marcas del accidente, tomó asiento frente a él con una falsa expresión de suficiencia.—Me sorprende que hayas tenido el valor de venir, Sebastian. ¿A qué se debe tanto afán? —le espetó ella con tono desafiante, cruzándose de brazos.Sebastian la miró fijamente, con los ojos oscuros y cargados de desconfianza. No se iba a andar con rodeos.—Guarda tus teatros, Eleanor. Nos conocemos demasiado bien. Sé que lo del embarazo es una mentira, un invento tuyo para atraparme ahora que mi vida está en la ruina. Muéstrame pruebas reales, porque lo que me enviaste no me co
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