—No me vengas con discursos de dignidad, todas son iguales, toma el dinero y sal de aquí.—Yo no quiero nada regalado, si me atreví a pedirle dinero es porque….—Querías verme la cara de idiota, deja hacer teatro, los dos somos adultos…. toma el dinero y vamos a la cama.Con un nudo en la garganta ella prefirió quedarse callada. Las lágrimas le quemaban el rostro y dudaba entre defender su dignidad o salvar a su hermano. “Necesito ese dinero, el tiempo se agota. ¿Cómo le explico a este italiano que no soy lo que él piensa? ".“Solo tenía que arrodillarse, humillarse una vez más ante el monstruo y recogerlo. Solo que ver el desprecio en los ojos del millonario, la forma en que la había tratado como a una cualquiera que vendía su dignidad, rompió algo dentro de ella.—Yo no soy una cualquiera, signore Di Martino —dijo temblando de rabia y dolor. Mi virginidad no está en venta.Él lanzó una carcajada seca, le pareció un chiste, pero la sonrisa se desvaneció cuando vio esas lágrimas bañ
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