TianyuMe eché agua fría en la cara, levanté la mirada y apenas pude reconocer al hombre que me devolvía el reflejo en el espejo. Tenía el pelo revuelto, ojeras profundas bajo los ojos enrojecidos por la falta de sueño y la piel pálida, opaca, sin vida.No había regresado a la mansión desde que ingresaron a mi esposa, y de eso ya habían pasado un par de días. No quería dejarla sola. Quería velar su sueño, sostener su mano y asegurarme de que, al despertar, yo fuera la primera persona que viera. Me sentía completamente impotente al no poder hacer nada más por ella; verla postrada en esa cama, con las quemaduras en el rostro, los golpes y los moretones, me pesaba más que cualquier maldita guerra. Yuna no tenía por qué terminar así. Ella, menos que nadie en este mundo, debía pagar por mis malditos pecados.Me sequé el rostro con una toalla y salí del baño. En ese momento, una de las enfermeras entraba para el chequeo de rutina. Mientras revisaba sus heridas, anotaba cosas en su tableta m
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