—No, por favor, no hagas nada —pide ella, con la voz preocupada. —No. Va a implorar que lo mate rápido. Voy a divertirme viéndolo morir lentamente —digo, con una sonrisa siniestra. —No hagas eso —insiste ella, con la voz entrecortada. —¿Por qué? ¿Sientes algo por él? —pregunto, con la voz gélida. —No, nunca. Solo no quiero ser culpable de una muerte —responde ella, con la voz temblorosa. Es demasiado buena. —Vale. Isabella, respóndeme una cosa. Mírame a los ojos —pido, girándola hacia mí. —Vale —dice ella, mirándome. —¿Todavía me amas, o ya dejaste de amarme? —pregunto, con la voz suave. —Nunca dejé de amarte. Eres, y siempre vas a ser, el hombre de mi vida. Bruno, te quiero mucho. Pero todavía estoy sufriendo con esa herida que dejaste, y el tiempo no está mejorando este dolor —confiesa ella, con los ojos llenos de lágrimas. —Isa, perdóname. Sé que mi error fue gravísimo. Sé que te lastimé. Pero te pido perdón —imploro, con la voz entrecortada. —Te quiero, pero nuestro "pa
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